11.7.08

Epidodio V: Comfortably Numb

Habemos quienes nos resistimos a la felicidad; suena alegórico, trillado y hasta autocomplaciente, pero quiero decirles que esta verdad silenciosa es compartida por algunos que consideramos que la felicidad está sobrevaluada en esta queridísima (risas) sociedad en la que vivimos. Ser felices, difrutar el día, aprovechar el momento, vivir apasionadamente, sentir desaforadamente, correr hacia la meta, cumplir los sueños, intentarlo todo por conseguir lograr nuestros deseos. No voy a seguir la lista, cómprense un libro de Pablo Conejo (o pídanlo prestado mejor, asi no le dan de comer) y ahí encontrarán las claves para ser feliz persiguiendo sus sueños.

Nosotros, por nuestra parte, seguiremos confortablemente adormecidos desperdiciando sueños utópicos, negándonos a sonreir ante una foto, huyendo del logro incipiente y revolcándonos en nuestra propia y elegida ineptitud para ser felices. Porque si ser feliz es una actitud, habemos quienes renegamos de esa estúpida postura a contramano de la verdadera tragedia de la vida.

Porque hay que ser definitivamente idiota para -dejando de lado el sentimiento trágico y profundo del existir y las consecuencias oscuras y despiadadas de la vida- creer que se puede ser feliz en este mundo. Nosotros, estimados lectores -pocos, casi nulos lectores- renunciamos por este medio expresamente a ser felices. No deseamos la felicidad, no perseguimos nuestros estúpidos sueños, no corremos para llegar a ningún lado, no saciamos nuestra sensación de vacuidad con logros de morondanga que no hacen más que mediocrizarnos de un modo aterrorizante, no compramos sensaciones efímeras, y mucho menos buscamos enamorar a la petisita de enfrente.

Nosotros resistimos, adormecidos y confortables, los embates de Sensaciolandia 2008 (quien quiera acordarse que se acuerde). Conocedores del verdadero sentido de la vida (sud-sudeste) flotamos aletargados en el océano de la desazón esquivándole el bulto a la sonrisa vana. Pocos, pero firmes y dignos, no avanzamos hacia ningún lado -güisqui y habano en mano- y somos privilegiados espectadores de la marcha de la masa feliz hacia el abismo de la nada misma.

Nosotros decidimos llorar el mismo llanto de otrora, caminar los mismo caminos, por los que vinimos una y otra vez, leer los mismos libros hasta conocer cada párrafo de memoria, saltar los mismos charcos con la misma agua y en el mismo pozo, horadar los mismos sillones pra ver la misma película en el mismo televisor, besar los mismos labios con los mismos ojos cerrados, soñar los mismos sueños que sabemos irrealizables y por eso los soñamos, escribir los mismos versos hasta que se hagan uno con nuestros sentimientos. Nosotros, queridos amigos, decidimos permanecer confortablemente adormecidos ante el desarrollo de la vida.

Y se preguntará usted ¿Por qué? (y si no se lo pregunta, de todos modos con algo hay que llenar los espacios vacíos del weblog así que se lo diremos quiera o no)

Porque la vida es una tragedia. Porque renunciamos a desasarrollar cualidades de cuarta categoría para subir escalones que nos llevan a la nada misma. Porque hemos luchado, luchamos y lucharemos por enaltecer el valor de la tragedia humana en este valle de lágrimas. Porque nos sabemos perdedores en la sociedad de los winners psicodélicos de turno. Porque no cambiamos el dolor de ya no ser por la vergüenza de haber sido. Porque como Troilo, como Cadícamo, como Piazzolla, como Borges, como Sábato, como Víctor Hugo, como Shakespeare, como Cervantes, como Van Gogh, como Alem, como Illia y como tantos otros, conocemos el secreto.

No recorreremos las autopistas de la felicidad cuando a la vuelta de la esquina encontramos el camino de barro y espinoso que nos lleva a incandescentes lugares de amarga y maravillosa desdicha. Permaneceremos, insisto, comfortably numb.

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